CUANDO OFENDEMOS
- almakaraka
- 29 mar 2021
- 6 Min. de lectura
En el escrito anterior hablábamos de cuando nos sentimos ofendidos, atacados por algo que alguien nos dice o hace. Pero ¿Y qué pasa cuando somos nosotros, los que ofendemos? Cuando con o sin intención herimos a alguien. Normalmente, como ya lo hemos mencionado en otros escritos, esta situación viene de "ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio". Es una muestra de proyección en la otra persona de tu propio miedo, error, queriendo darte seguridad atacando otros.
Hay mil y un maneras de herir a una persona y esto no significa que tengas que ir por la vida hablando y tratando a todo el mundo con pinzas para que las otras personas no se sientan ofendidas por cualquier cosa que puedas decir. Esto se trata de mirar hacia adentro, de que te sientas a ti mismo, parar un minuto y preguntarte ¿Qué es lo que me molesta tanto para que yo reaccione de esta manera?
Cuando paras, meditas y respiras, puedes sentir como tu mente deja de controlar.
Si estás en el trabajo, en camino a algún lugar, haciendo cosas constantemente, el cerebro es quien toma el control o la dirección de lo que haces, en lugar del corazón. Eso genera que proyectes tus pensamientos y creencias hacia fuera, porque no quieres sentirlas dentro, ni aceptarlas. Tienes que tener siempre presente que la idea de todo es recordar, reconocer, aceptar y transformar.
Para ser más claros, aquí mencionamos cuatro ejemplos cotidianos:
Tal vez andas de malas y le contestas mal a alguien.
Te pregunto: ¿Acaso la otra persona tiene que pagar por tu mal genio? No sería mejor decir, me siento de muy mal humor en este momento, necesito estar solo, me voy a dar una vuelta, etc.
Estás manejando, yendo de prisa al trabajo porque vas tarde y alguien te mete el auto, te cierra y por la ventana lo insultas y le gritas de todo lo que se te venga en gana en ese momento.
Con esa reacción lo único que tratas de hacer es buscar un culpable para lo que sientes en ese momento y en realidad, no hay culpables ni castigos, el estrés de tu propia mentira es lo que hace que existan los culpables y si proyectas en otros tu miedo, hace que no lo sientas en ti.
Alguien te cuenta algo y constantemente lo callas diciéndole: ¡Nah! no tienes ni idea de lo que hablas, tu que vas saber de eso.
Muchas veces nos creemos los dueños de la verdad y lo único que muestran este tipo de acciones es lo que cada uno lleva dentro, entonces ¿Qué es lo que puedes estar cargando para querer tratar así al resto? ¿Qué te duele tanto que no puedes contener dentro de ti y lo escupes? Piensa que somos como el camión de la basura, que si se choca ¿Qué es lo que va a caer? Basura, pero no por nada más que porque lo has llenado tu de basura, en cambio si tu te llenas de amor y te chocan, entonces saldrá amor. Todo lo que salga reactivamente de ti, será lo que lleves dentro.
Alguien te ofende y en defensa, reaccionas con un insulto.
En vez de respirar, calmarte y decirle: Oye lo que me acabas de decir me hace sentir incómoda o he sentido dolor en lo que me has dicho. Sea lo que sea que sientas exprésalo.
Y así podríamos seguir enumerando miles de ejemplos muy exagerados o muy absurdos.
“Las palabras que ofenden son el grito de la ignorancia”
Efectivamente el grito de la ignorancia y no porque uno sepa más que el otro sino porque no sabemos ni escucharnos, ni respetarnos. Y por la educación, cultura, familia, religión, etc. tendemos a reaccionar, porque nos han enseñado a escuchar solo para responder.
Insultar, agredir u ofender es la consecuencia de la incapacidad que tenemos para mantener un autocontrol suficiente como para poder expresar lo que sentimos, una opinión, un punto de vista, de una manera adecuada, equilibrada. Hay que ser conscientes de que toda comunicación tiene la frecuencia de vibración del emisor y el receptor, sino hay un equilibrio una armonía entre las partes, se generan interferencias. Es como no encontrar el número exacto de la emisora de radio y en vez de estar en la 88.1 estás en la 88.2, ese .2 o .1 hace que pierdas la nitidez, la belleza, la paz y la armonía de lo que sientes.
Siempre ofendemos o insultamos convencidos de que es el otro “el que tiene la culpa, el que me provoca, el que hace las cosas mal, el que me decepciona.”
Estamos acostumbrados a culpar a otros y no asumir la responsabilidad de la percepción que tenemos de la situación que nos molesta, de lo que sentimos. La reacción que manifiestes, únicamente es responsabilidad de ti mismo y son tus acciones las que determinan quien eres.
Muchas veces pensamos “Bueno si me trata bien, lo trato bien y si me trata mal, pues igual” ¿Desde cuando la comunicación y el actuar se convirtieron en una condicional? Hay una frase que dice “La gente herida hiere” y efectivamente tendemos a proyectar en los demás lo que no hemos sanado dentro. No te das cuenta de que somos espejos porque lo que te molesta, te irrita, te desespera, te llena de ira o te hace reaccionar, no es más que lo que tal vez tengas que aceptar en ti mismo. Recuerda que solo das lo que tienes, si tienes herida, hieres porque es lo que sientes en ti, si tienes odio, odias, porque es lo que sientes en ti, por eso nadie puede dar amor sino lo siente en sí mismo, al final es la vibración de lo que sientes lo que siempre vas a compartir, muchas veces no es solo un tema de sanar o no sanar, sino de ser conscientes de que todo lo que das es lo que tienes y lo que sientes.
Si te quejas, enfadas, alteras es porque dentro de ti existe eso y lo más curioso es que solemos ofender a las personas que más queremos porque inconscientemente creemos que por ser tan cercanas, pues tienen que aguantarlo todo y cuando nos hacen lo mismo nos enojamos. ¿Tiene esto algún sentido? ¿Por qué hacemos este tipo de cosas? La respuesta es simple, porque no somos conscientes y dejamos que nos domine la mente.
Vivimos en un mundo de opuestos, creyendo y pensando que no hay bien sin mal, luz sin oscuridad. Eso nos hace aceptar que tenemos que que estar enfermos para valorar la salud, perder para saber tener, sentirnos mal, para sentirnos bien. Si siempre te sientes feliz la tristeza no existiría y entonces no sabrías qué es ser feliz, porque no sabrías compararlo con la tristeza. Pero, y si te decimos que eso no es así, que no existen los contrarios o los opuestos, así como no existe el principio y el final, el norte o el sur, son todo referencias y creaciones humanas para el entendimiento.
La oscuridad no es el opuesto de la luz, es la ausencia de esta misma, así como el miedo simplemente es algo increíblemente maravilloso, porque solo es la ausencia de amor, en el momento en el que sientas miedo, solo debes ser consciente de que lo que sientes, en ese mismo instante es un reflejo de la falta de amor en tu interior respecto a lo que te haya hecho sentir miedo.
Si aceptas esta idea, todo lo que vivas y experimentes se transformará en ausencias o faltas de algo. Puedes hacerlo con todo y en el proceso, cuando realmente lo entiendas, te liberarás, paso a paso, dejando que fluya como debe ser. Cuando sientas que algo no te gusta, intenta meditar, pensar y sentir la falta completa, nunca dividida. Sin intentar pensar la sensación con la mente, ya que eso solo hace que queramos dividirla, porque la mente solo sabe hacer eso, aislar para controlar.
Con todo esto no queremos decir que no tengas derecho a molestarte, pueden haber miles de detonantes en tu vida, el tema es saber expresar esas molestias en completo estado de amor, que no significa que automáticamente tengas que suprimir esa emoción y pasar de modo automático a la paz o a la felicidad, sino que desde el amor sepas expresar esa molestia. Cuando aprendes a comunicarte desde el amor, primero contigo mismo y luego con los demás, todo a tu alrededor cambia.
Y si en algún momento ofendes a alguien, ten el valor de admitir tu error y pedir disculpas, ese acto de amor valdrá más que cualquier ofensa que puedas haber cometido.
“Las palabras van al corazón, cuando han salido del corazón”
No somos perfectos y la idea no es llegar a serlo, la idea es llegar a ser lo suficientemente humanos para abrir el corazón, abrir un espacio en el que puedas llegar a tal estado de conexión, de conciencia y de amor desde donde te puedas hacer cargo de tus pensamientos, de tus palabras y tus actos para tu bien y el de todos los que te rodean.
“No existe el mal puro o absoluto. El mal surge del dolor no reconocido. No es el dolor mismo el que hace surgir el mal; negarlo y reprimirlo es lo que produce un deseo de infligir dolor a otros. Si, por el contrario se afronta y se acepta conscientemente, y si quien lo sufre se permite sentirlo en todos los niveles, se disipará e incluso hará que la persona sea más afectuosa y sabia.”
-El don de tu alma

Gracias 💙