CAMINO AL DESPERTAR
- R.
- 9 dic 2020
- 4 Min. de lectura
Como lo he mencionado en las publicaciones anteriores, andaba en la búsqueda de algo que me equilibrase, me diese paz y felicidad. Sobre todo porque el estrés que tenía no me dejaba estar en paz y sino era un dolor muscular, era un resfriado o dolor de cabeza. Eso me llevó a empezar a practicar Chi Kung. Un arte ancestral que enseña técnicas habitualmente relacionadas con la medicina china tradicional, que comprenden la mente, la respiración y el ejercicio físico. Lo que más me ayudó al principio fue a eliminar las tensiones y el estrés, más allá de sentir o entender mucho de lo que me explicaban. Lo que me hizo seguir a pesar de que había ejercicios que no comprendía, aburridos y que costaban mucho, fue que cada vez que salía del entrenamiento me sentía más animado, con más energía, con más ganas de todo. Durante los primeros días, pasadas unas horas, volvía a mi otra realidad, por llamarlo de alguna manera, y claro, es necesario entender que “el que tuvo retuvo” que no es más que ser consciente de que estamos acostumbrados durante años a lo que queremos cambiar y todo cambio genera incomodidad para la mente. La mente quiere procesos repetitivos para acomodarse, el corazón quiere sentir la verdad. Con el paso de los días, paso a paso, cada vez era más consciente de lo que significaba lo que estaba haciendo en mi estado de ánimo, en mi mente y en mi cuerpo, como si cada día una luz fuese alumbrando mejor cada parte de mi, en todos los sentidos. Y conforme iba recordando todos los días eso, seguí el camino de la transformación, el más feliz que he tenido y tengo hasta el día de hoy en mi vida.
Permíteme compartirte el paso a paso de mi transformación:
1. Respiración
Lo primero de todo es ser más consciente de la respiración. Científicamente hablando, el hecho de hacer respiraciones profundas, lentas y coordinadas genera beneficios como la relajación muscular, equilibrio emocional, concentración, mayor oxigenación, liberación de toxinas, mejora la circulación, la digestión, la capacidad pulmonar, regulación del peso, estabilización de los latidos del corazón y el sistema nervioso y lo más importante, para mi, te da paz y tranquilidad. ¿Por qué digo esto? Porque la impaciencia genera estrés, y el estrés es una reacción creada por el miedo que debilita el sistema inmunológico, que como consecuencia acumula grasa, altera el sistema nervioso y genera ansiedad…
¿Qué necesitas para comenzar?
Tan solo un lugar donde poder respirar tranquilamente, no hace falta tumbarse, simplemente entrar en una posición cómoda.
Aunque es algo que puedes hacer en una cola mientras esperas, antes de empezar una reunión, al levantarte o antes de comer… Es recomendable que para empezar lo hagas en una posición suficientemente confortable, en un lugar donde no tengas distracciones ya que si nunca has trabajado algo similar, es necesario que acondiciones tu espacio para lograr una mayor concentración. Una vez que lo pruebes de esta manera y seas más consciente, lo podrás realizar en cualquier lugar.
Recuerda usar ropa cómoda que no te apriete. Para que sea más sencillo, primero te recomiendo que pongas la mano derecha en tu ombligo para sentir como se infla y se desinfla tu abdomen con las respiraciones y la otra mano en el pecho para que se mantenga lo más quieto posible y tengas toda la zona del pecho y hombros relajada, ya que la respiración debe realizarse a través del diafragma (abdominal).
Tomas aire, la máxima cantidad posible, mientras vas sintiendo con tu mano derecha como se infla la barriga, y como se queda el aire en el estómago como si tuvieses una bolsa de aire o un globo dentro. Una vez ahí, suavemente vas apretando con la mano derecha tu ombligo mientras vas sintiendo como el aire sale poco a poco.
Para que te hagas una idea y logres mayor concentración, puedes contar tanto al inhalar como al exhalar. Que tu rango sea del 1 al 10, siendo 10 muy fuerte y muy rápido. En un principio la fuerza (presión) que se hace para sacar el aire del 1 al 10, puede ser de 2. Luego con la práctica, tú irás regulando la presión, intensidad, velocidad, según lo que busques con tu respiración. Yo empecé haciendo la respiración en cuatro tiempos, los tres primeros como si tomase aire tres veces (como con paradas para absorber más cantidad de aire consciente) y la cuarta para concentrar todo el aire en el estómago. Repite el proceso varias veces hasta que empieces a notar que es más intuitivo, cada vez menos pensado y más sentido.
Cada respiración crea un ciclo energético de carga, el cual hará que progresivamente tengas mayor sensación en las manos, en tu cuerpo y sientas cada vez más energía. Cuando aumenta la energía interna a través de la respiración, irá aumentando tu sensación de temperatura, cuánto más te aísles del entorno y más lo interiorices, mayor sensación energética posterior tendrás. Eso libera las tensiones internas que puedas tener de tu día, de tu pasado y de todas tus preocupaciones mentales.
Una vez entendido el proceso, continuas por al menos 10 respiraciones conscientes…
Apunta en una libreta lo que vayas sintiendo, pensando y experimentando antes durante y después de ir realizando el ejercicio. Te ayudará a ser más consciente, a interiorizar mejor y a no tener que depender de tu memoria para saber cómo vas evolucionando.
Continuará...

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